Por: Javier Rodríguez Marcos
Los ambulantes han sido expulsados.
Los que ven en la niebla de las uvas
los caminos secretos de la luz.
Los que encienden las cabezas de paja
y enredan las aldeas
donde la muerte se pasea y susurra.
Los que viven de lo que no se toca
y tocan todo aquello que dice
“no tocar”.
Los que adornan con lazos
los carromatos de miseria.
Los que plantan espirales de humo
por los nidos vacíos de los bosques.
Los ambulantes.
Viven en el anillo
que solo las urracas ambicionan.
Cantan la madrugada de madera.
Lloran por las plantas que mueren,
lloran por las plantas que nacen,
todo lo que está vivo
que duele y vive cerca o lejos
de ellos.
Ellos, los ambulantes,
los mismos, los diferentes
han sido expulsados.
Este poema no tiene título pero viene encabezado con un XXIV en el nuevo libro de
Vanesa Pérez-Sauquillo. Se titula
Climax Road y lo edita Rialp porque obtuvo el accésit del
Premio Adonais 2011 (ganó Jesús Bernal con
Hombre en la niebla). Otro día hablaremos del Premio Adonáis, que es, él solo, todo
un capítulo de la literatura española del siglo XX y que en el XXI, pese a la
competencia, ha seguido dando buenos libros. Por ejemplo,
Un poemario, de
Teresa Soto, ganadora en 2007. Por ejemplo,
Climax Road.

Hemos
visto una foto y un cartel con esas dos palabras, pero no sabemos si
existe una Cimax Road de verdad. Podríamos comprobarlo, es cierto, y
sería fácil, pero por ahora no vamos a hacerlo. Tampoco sabemos si
existen Farmington -el lugar en el que Vanesa Pérez-Sauquillo sitúa los
poemas del libro- o Liz, Jane, Valerie y Kurt, sus personajes. Poco
importa, existen el estos versos que desde el primer momento transmiten
una voz y una atmósfera.
La voz es la de una autora que maneja a la perfección el realismo y
el irracionalismo, sin dejarse llevar por la posible sequedad de uno ni
por el catálogo escolar (y escolástico) de imágenes del otro. “El
interior es ya mundo exterior”, dice un verso del primer poema. Y más
adelante: “Su verdad es tan viva / como su irrealidad”.
La atmósfera es la de un lugar de los Estados Unidos que cobra vida
en 30 composiciones de forman un todo –intimista, humorístico, irónico,
político- sin renunciar a la independencia de sus partes.
Un poco Fargo y un poco Spoon River, un pueblo de esos en medio de
una naturaleza salvaje en los que hay tres calles, cuatro iglesias y una
Quinta Avenida que mide cien metros. Así podría imaginar el lector de
esta fábula el mundo creado por Vanesa Pérez-Sauquillo (Madrid, 1978),
autora ya de cuatro libros de poemas, traductora de
Dylan Thomas y
Roald Dahl,
presente en todas las antologías que cuentan y responsable de uno de
esos poemas capaces de meter la poesía en la vida de la gente:
un poema con contestador automático.
NOTA FINAL. Bien, ya hemos mirado si Farmington existe. Y vaya si
existe, parece el Springfield de los Simpson. “Hay más de treinta aldeas
/ con el nombre de Farmington”, dicen dos versos de
Climax Road.
Es cierto, hay uno en California y otro en Connecticut, Delaware,
Kentucky, Illinois, Iowa, Maine, Michigan, Minnesota, Utah, Virginia… y
cinco más solo en Wisconsin, y otro en Canadá y otro en el Reino Unido.
¿Resultado? Nos quedamos igual, o sea, sin saber si existe. Lo mismo que
la Liz de este poema:
XVII
Demasiado salvaje
para no quererlo todo.
En los rasgos de Liz
se afilan los cuchillos.
¿Puede la ira
enredar el cabello?
“Te invito a un cóctel
si me dices qué piensas”,
dice un inadvertido
que huele a piedras
antes de un derrumbe.
El bar está desierto.
La diana despereza
el silbido de sus dardos.
Nada que lamentar.
Ella, que dinamita
noches estrelladas.
“Si destruyo, no mezclo”,
le anticipa.