viernes, 31 de agosto de 2012

Climax Road: Reseña de Francisco Martínez Romero en Acércate a los Libros



Septiembre 2012
Poesía.
CLIMAX ROAD
   
Vanesa Pérez-Sauquillo, con “Climax Road” ha obtenido un accésit del último Premio Adonais. Puedo asegurar que dichos premios constituyen como un estante propio en la historia de la literatura contemporánea.

     Fundados estos premios en 1943, antes de los Premios Nadal. En el caso de esta obra de Vanesa Pérez-Sauquillo, me he perdido buscando si es verdad que existe Farmington pero ella misma barre el paisaje “donde el sueño no corta/como un papel en blanco.” Hice mal con su libro, al leer antes lo que se ha dicho de él en lugar de haberlo hecho previamente como suelo hacer al entrar en ese paisaje creado para obedecerla. Afirma desde el principio:…"como una gran mentira en busca de escondite", en el símbolo de la balanza. Es verdad, Farmington es ese lugar mítico pero real. ¿Sabes a mí lo que me parece, Vanesa? Al leerte: un verso sencillo, casi óptico de una belleza clara y quieta. Tu verso tiene un vigor de animal joven, con tus “Siete caravanas de insomnio” que me devolvieron la libertad “los sueños que parpadean con los ojos cerrados”. (Porque sin los sueños no hay libertad posible) Yo no leo los libros para hacer crítica de ellos, sino para emocionarme, para dejarlos caer en mi memoria como esa especie de himno a la delicadeza que tiene la “La encrucijada”. Este es un libro ya maduro que completa su obra poética anterior. También necesitaría ese cartel de “Climax Road” y ese Farmington suyo. Cada uno se las entiende como puede con buena poesía como la de Vanesa.

sábado, 21 de julio de 2012

Climax Road: Artículo de Javier Rodríguez Marcos en Letra Pequeña (blog de Cultura de El País)

Un lugar llamado Climax Road

Por: | 11 de julio de 2012
  Climax


Los ambulantes han sido expulsados.

Los que ven en la niebla de las uvas
los caminos secretos de la luz.

Los que encienden las cabezas de paja
y enredan las aldeas
donde la muerte se pasea y susurra.

Los que viven de lo que no se toca
y tocan todo aquello que dice
“no tocar”.

Los que adornan con lazos
los carromatos de miseria.

Los que plantan espirales de humo
por los nidos vacíos de los bosques.

Los ambulantes.

Viven en el anillo
que solo las urracas ambicionan.

Cantan la madrugada de madera.

Lloran por las plantas que mueren,
lloran por las plantas que nacen,
todo lo que está vivo
que duele y vive cerca o lejos
de ellos.

Ellos, los ambulantes,
los mismos, los diferentes
han sido expulsados.

Este poema no tiene título pero viene encabezado con un XXIV en el nuevo libro de Vanesa Pérez-Sauquillo. Se titula Climax Road y lo edita Rialp porque obtuvo el accésit del Premio Adonais 2011 (ganó Jesús Bernal con Hombre en la niebla). Otro día hablaremos del Premio Adonáis, que es, él solo, todo un capítulo de la literatura española del siglo XX y que en el XXI, pese a la competencia, ha seguido dando buenos libros. Por ejemplo, Un poemario, de Teresa Soto, ganadora en 2007. Por ejemplo, Climax Road.

ClimaxPortadaHemos visto una foto y un cartel con esas dos palabras, pero no sabemos si existe una Cimax Road de verdad. Podríamos comprobarlo, es cierto, y sería fácil, pero por ahora no vamos a hacerlo. Tampoco sabemos si existen Farmington -el lugar en el que Vanesa Pérez-Sauquillo sitúa los poemas del libro- o Liz, Jane, Valerie y Kurt, sus personajes. Poco importa, existen el estos versos que desde el primer momento transmiten una voz y una atmósfera.

La voz es la de una autora que maneja a la perfección el realismo y el irracionalismo, sin dejarse llevar por la posible sequedad de uno ni por el catálogo escolar (y escolástico) de imágenes del otro. “El interior es ya mundo exterior”, dice un verso del primer poema. Y más adelante: “Su verdad es tan viva / como su irrealidad”.

La atmósfera es la de un lugar de los Estados Unidos que cobra vida en 30 composiciones de forman un todo –intimista, humorístico, irónico, político- sin renunciar a la independencia de sus partes.

Un poco Fargo y un poco Spoon River, un pueblo de esos en medio de una naturaleza salvaje en los que hay tres calles, cuatro iglesias y una Quinta Avenida que mide cien metros. Así podría imaginar el lector de esta fábula el mundo creado por Vanesa Pérez-Sauquillo (Madrid, 1978), autora ya de cuatro libros de poemas, traductora de Dylan Thomas y Roald Dahl, presente en todas las antologías que cuentan y responsable de uno de esos poemas capaces de meter la poesía en la vida de la gente: un poema con contestador automático.

NOTA FINAL. Bien, ya hemos mirado si Farmington existe. Y vaya si existe, parece el Springfield de los Simpson. “Hay más de treinta aldeas / con el nombre de Farmington”, dicen dos versos de Climax Road. Es cierto, hay uno en California y otro en Connecticut, Delaware, Kentucky, Illinois, Iowa, Maine, Michigan, Minnesota, Utah, Virginia… y cinco más solo en Wisconsin, y otro en Canadá y otro en el Reino Unido. ¿Resultado? Nos quedamos igual, o sea, sin saber si existe. Lo mismo que la Liz de este poema:

XVII

Demasiado salvaje
para no quererlo todo.

En los rasgos de Liz
se afilan los cuchillos.
¿Puede la ira
enredar el cabello?

“Te invito a un cóctel
si me dices qué piensas”,
dice un inadvertido
que huele a piedras
antes de un derrumbe.

El bar está desierto.
La diana despereza
el silbido de sus dardos.
Nada que lamentar.

Ella, que dinamita
noches estrelladas.

“Si destruyo, no mezclo”,
le anticipa.

Climaxcomeagain

lunes, 18 de junio de 2012

Climax Road: Reseña de Dionisia García


CLIMAX ROAD
Vanesa Pérez-Sauquillo
Climax Road
Rialp, Madrid, 2012
He seguido la trayectoria vital y poética de Vanesa Pérez-Sauquillo. Siempre llamó mi atención la claridad de su mirada, y no sólo por el color de los ojos, que responde a ello, sino por la profundidad de la misma, no exenta de inocencia. He comprobado, posteriormente, que mi percepción no era equívoca.
Antes de su primera publicación, Pérez-Sauquillo aprendió y comprendió, tarea ardua y eficaz para entrar con dignidad en el territorio poético. Trabajos editoriales y de traducción, intervenciones varias en torno a la poesía, y aparición de su primer libro, Estrellas por la alfombra, (Hiperión, 2001). A este le sucederían Vocación de rabia, (Universidad de Granada, 2002), Bajo la lluvia equivocada, (Hiperión, 2006), e Invención de gato (Calambur, 2006), libros que han sido avalados con reconocimientos como el de Arte Joven de la Comunidad de Madrid y un accésit del Premio de Poesía García Lorca, entre otros.
Hoy comentamos Climax Road, el libro que ha obtenido el accésit del Premio Adonáis 2011. Si nos atenemos a una de las posibles interpretaciones del título, la elegida en este caso, podríamos decir que las páginas en él contenidas alcanzan el momento álgido de una etapa en el camino iniciado hace años por Pérez-Sauquillo, dentro de una trayectoria que, con independencia en cuanto a su manera de hacer, lleva a cabo junto a poetas de su generación, que situamos, por aproximación, en el año 2000.
Antes de entrar en las páginas de Climax Road, no podemos remediar la tentación de volver la cabeza y advertir la importancia que para Vanesa Pérez-Sauquillo ha tenido el lenguaje en su escritura desde los comienzos. Nos han precedido maestros que han valorado y definido dicha importancia en lo poético. Para Antonio Machado, poesía es la palabra en el tiempo; para Sartre, «La prosa se sirve de las palabras. La poesía sirve a las palabras». Nuestra autora lo ratifica, a través de esa luz que aportan sus palabras, que van más allá del significado de las mismas, porque abren nuevas puertas y sugieren otros mundos. Nos permitimos citar dos versos de un poema anterior, que confirman lo dicho: «Las palabras se afilan / con fuego de palabras». Como era de esperar en la nueva entrega de V. P. S., el lenguaje, ese decir tan personal, se convierte en un soporte mayor, dado que de las palabras surge la emoción estética que sustenta las cuatro partes del libro.
Farmington, en el primer apartado, es ese lugar mítico que dice de una adolescencia permanente entre lo irreal/real (¿por qué no?). En la aspiración a su disfrute continuo puede estar la verdad («… los puentes / cuelgan de las palabras»). Alusiones a Farmington en los otros tres apartados del libro, quizá como referente obsesivo de algo que pudo ser… Niño de hierba, segundo apartado (cuyo título ya es en sí un hallazgo), nos integra en un encuentro con la naturaleza, en el amor a los seres y a las cosas («Niño de hierba, / por ti las bravas amapolas»; «La tarde dibujaba siluetas / y tú durmiendo dentro de una nuez»). En Siete caravanas de insomnio hay un desdoblamiento lírico o voces corales, que permiten un variado contar y cantar sin respuesta («No hay madres que nos peinen / en Farmington / ni abuelos que adivinen las tormentas»). La encrucijada aporta nuevos temas, como el de los “ambulantes/diferentes”, sin olvidar el amor («Mi amor haría crujir las hojas / hasta el tuétano mismo de la savia / si tú me lo pidieras»).
Podríamos afirmar de Climax Road que se trata de un poema unitario. Es posible que así se concibiera, por el ir y venir de aconteceres, títulos y palabras de aquello que importa. En cuanto a la parte formal (verso libre, con endecasílabos y heptasílabos a veces), mantiene la música, el ritmo fundamental en poesía.
Estamos ante un libro que merece atención por la calidad de sus páginas, en ellas encontramos imaginación y verdad, concluyentes en puntos de luz que inducen a la emoción. «Escribimos para aclararnos», nos dice el poeta Muñoz Rojas. Así lo entendemos en la poesía de la autora, por su proceso de indagación, libro a libro.
Celebremos la nueva entrega de Vanesa Pérez-Sauquillo, que, una vez más, alienta a los lectores con su atinada y singular manera de “comprender” y estar en la poesía.
Dionisia García

sábado, 9 de junio de 2012

Climax Road: Reseña de Luis Bagué Quílez en Arte y Letras (Diario Información)

Jueves 31 de mayo de 2012 

 

On the road

Climax Road de Pérez-Sauquillo, accésit del Adonais, es un apasionante viaje a la semilla relatado con envidiable pulso verbal

per Luis Bagué Quílez

Con Climax Road, Vanesa Pérez-Sauquillo regresa a un territorio que conoce bien: el del libro unitario y polifónico, filtrado por una densa bruma simbolista, pronunciado por un caleidoscopio de voces y surcado por sorprendentes bucles irónicos, narrativos o descriptivos. De este modo, la autora vuelve a recorrer una senda que ya transitó en Invención de gato, una de sus entregas más insólitas y originales.
 

Climax Road aporta nuevas coordenadas al universo de Pérez-Sauquillo. El libro se abre con un poema-prólogo que muestra la levedad de lo real mediante el símbolo equitativo de la balanza. Tras esa presentación, el primer apartado (Farmington) introduce al lector en una cartografía deliberadamente ambigua. Aunque el citado topónimo puede hacer alusión a varios espacios existentes, el Farmington literario es un lugar edénico y mitificado, a medio camino entre el Brigadoon cinematográfico y las fugas bucólicas que jalonaban el periplo urbano de Poeta en Nueva York (Tu infancia en Menton o los poemas del campo de Newburg). No en vano, la iconografía lorquiana reaparece aquí con una intensidad imaginativa modulada por la voz singular de la escritora.
 

La segunda sección, Niño de hierba, está protagonizada por una criatura frágil y misteriosa: el "joven de dulce tallo" que actúa como metáfora germinativa, alegoría de la primavera o imagen primigenia del ser humano antes de su extrañamiento de la naturaleza. En este horizonte eglógico, el "niño de hierba" se erige en el numen protector que aspira a invertir un ciclo discursivo caracterizado por la alternancia entre creación y destrucción: "Te llamo y una tiza define los contornos, / constelación que viene a mí / que me deshago / como un banco de peces / a tu encuentro".
 

En la tercera parte, Siete caravanas de insomnio, la autora propone un tour por los siete pecados capitales, a lomos de los cuatro caballos del Apocalipsis. El paisaje humanizado acoge ahora a un paisanaje diverso, movido por los engranajes del deseo y por el motor de la culpa. Los personajes que colonizan la geografía poética son individuos desamparados que desean pactar con la vida y que cabalgan hacia la muerte. De hecho, los nombres de esos personajes remiten a la epopeya beat que Jack Kerouac cantó en las páginas de En la carretera, y que Allen Ginsberg transformó en el lirisimo, trémulo y expresionista, de Aullido. Así, en estos versos confluyen la ávida sensualidad de Crazy Jane, la indómita lujuria de Kurt, la irascible soledad de Liz, la soberbia belleza de Valerie, la insípida gula de Tom, la pereza endémica de Ed y el envidioso fingimiento de Maddie. A través de esas identidades fragmentarias, Vanesa Pérez-Sauquillo condensa las transacciones afectivas y las pasiones mecánicas que gobiernan la sociedad contemporánea.
 

La posibilidad de una lectura crítica de Climax Road se evidencia en la última sección: La encrucijada. La huella de la inmigración y la tragedia del desarraigo se escenifican en el nomadismo de los vendedores ambulantes expulsados de Farmington. La luminosa fábula del libro se tiñe entonces de imágenes sombrías, carromatos oscuros y refugios vacíos. Las avenidas de Climax Road se convierten en un bosque "al rojo vivo", atravesado por los raíles que guían los derroteros del presente. Como si se tratara de una apretada écfrasis de la Casa junto a las vías del tren diseñada por Edward Hopper, la escritora construye una arquitectura efímera, rendida al discreto encanto de las ruinas. Las resonancias proféticas del texto conducen a la definitiva separación de Farmington. En este éxodo, el despojamiento se contempla como la única respuesta moral, "bajo mi caravana de pies fríos / y alegría de verano".
 

En suma, Climax Road constituye un apasionante viaje a la semilla, relatado con envidiable pulso verbal por Pérez-Sauquillo. Los espectros que pueblan Farmington, como los dormidos habitantes de Comala o los epitafios parlantes de Spoon River, sueñan con un paraíso a medio hacer. Médium o transcriptora de sus inquietudes, Pérez-Sauquillo sabe que "el interior es ya mundo exterior". Atrévanse a dar una vuelta por Climax Road.

domingo, 3 de junio de 2012

Climax Road: Reseña de Ariadna G. García en La tormenta en un vaso


viernes, junio 01, 2012

Climax road, Vanesa Pérez-Sauquillo

Rialp, Madrid, 2012. 64 pp. 9,50 €

Ariadna G. García
En 2001 Vanesa Pérez-Sauquillo publicó su primer libro de poemas, Estrella por la alfombra, al que siguieron Vocación de rabia (2002) y unos años más tarde, Invención de gato y Bajo la lluvia equivocada (ambos en 2006). A lo largo de su trayectoria poética, trufada de premios, ha sabido combinar dos tipos de discursos: uno coloquial, donde abundan las imágenes urbanas y los símbolos sacados del modelo de desarrollo económico actual (valga como ejemplo el espléndido éste es mi contestador automático); y otro mucho más lírico, de corte irracional, a menudo violento y desgarrado («pero a pesar de todo no cambiaría/ todo tu polvo rosa de cometas/ por un frasco de esencia putrefacta casera./ Siempre tuve muy mala soledad»). En su último libro de poemas, Climax road, predomina la estética segunda. No obstante, lejos de la ira que inflamaba los versos de sus primeros libros, encontramos aquí un tono reposado; el tono de quien por fin se aparta de las aguas turbulentas del río, de los rápidos y caídas ruidosas, y descansa en un cauce silencioso.

Cualquier manual de teoría de los géneros literarios atribuye a la lírica unos preceptos que Vanesa Pérez-Sauquillo trata de desmentir con sus obras. Siempre indagando nuevas posibilidades expresivas, Vanesa concede gran importancia a la creación de personajes, al desarrollo argumental, al espacio y a la cronología. Hibrida narración y poesía, acción y pensamiento. Su itinerario poético es estrictamente personal. No sigue rutas, se limita a caminar.

Climax road relata una historia de amor. Se desarrolla en un lugar mítico, Farmington, pueblo que recuerda al idílico Espectro de Big Fish (Tim Burton, 2003): «Tan pronto como llegas/ te descubres ya en marcha/ tratando de volver». Allí, la protagonista del libro entabla relación con el niño de hierba, semidiós por quien «el bosque se abría en claros, para descanso de tus ojos». Su grandiosidad genera vida («por ti las bravas amapolas»), su dulzura sana («rehiciste los fragmentos en el aire/ y de la geometría/ creaste el terciopelo») y su humildad seduce («me deshago/ como un banco de peces/ a tu encuentro»).

El resto de personajes representan, cada uno, un pecado capital. Simbolizan la imperfección, el desbordamiento de las debilidades humanas. Crazy, Kurt, Liz, Valerie, Tom, Ed y Maddie constituyen la antítesis de la perfección que encarna el niño de hierba.

Poemas-fotogramas. Vanesa Pérez-Sauquillo concibe los textos como partes de un todo. Si bien es posible la lectura aislada de las composiciones, es en el conjunto del libro donde adquieren su pleno significado. No obstante, de entre todos, destaca el poema XXIV, un himno a la delicadeza, a la esperanza, al compromiso y a la insurrección moral dedicado a los ambulantes, quienes «ven en la niebla de las uvas/ los caminos secretos de la luz».

Autora de potentes imágenes, Vanesa ha forjado con sus versos una aldea idílica, bella, protectora y salvaje, lo suficientemente cálida como para que la amante renuncie a su pasado para quedarse en ella. Ésa es su elección. Apuesta su futuro a una carta, el as de corazones («Mi amor haría crujir las hojas/ hasta el tuétano mismo de la savia/ si tú me lo pidieras»).

miércoles, 30 de mayo de 2012

Feria del Libro: domingo 3 de junio, caseta 107

¡Hola a todos!
Este domingo por la tarde, de 19.00 a 21.00, firmo Climax Road en la caseta 107, 
la Librería Diálogo.
Si estáis por el Retiro y os apetece venir a saludarme, ¡allí estaré!
Un abrazo,
Vanesa


martes, 24 de abril de 2012

CLIMAX ROAD ya está en las librerías


                                                                                                                       © Chion Wolf