martes, 17 de abril de 2018

Deseos y prejuicios




Deseos y prejuicios

Tú, que no me deseas,
déjame que te explique:
hay deseos y deseos.

Hay deseos que suceden,
como una brisa que hace levantar la cara
o el roce inesperado de tu mano,
y otros deseos que somos.

Deseos que se te meten por los ojos
y no paran hasta haberte agarrado el corazón.
Deseos que alargan los dientes;
deseos que acortan la vida;
que te queman los dedos
en el deseo de arder, arder y sin medida,
a la medida de tus propios deseos.

Los hay que tienen alas para escapar del mundo,
y todo lo que deje mucho que desear.
Hay deseos que perder, sí,
de esos sé bien que hay.
Algunos son recuerdos.
Algunos son eternos
mientras dura la noche.
Otros en cambio, que parecen caprichos,
hacen que te consumas lentamente
hasta que lentamente los desnudas
y te encuentras contigo en el espejo.

Y entre tantos deseos,
déjame que te explique:
hay deseos y perjuicios.

Tú, que no me deseas,
que no mueves montañas,
que no bebes los vientos,
que no sabes que se puede volar
y estar arrodillado al mismo tiempo,
tú,
tú no entiendes de eso.


Deseos de nunca acabar (Lumen Ilustrados, 2017).

Texto de Vanesa Pérez-Sauquillo.
Ilustraciones de Fernando Vicente.

martes, 10 de abril de 2018

El genio que abandonó Nueva York


Entre los emigrantes que llegaban a Nueva York a finales del siglo XIX corrió el rumor de que había un genio en la antorcha de la estatua de la Libertad.
Era verdad. Era un genio francés, amigo de Bartholdi, el escultor. Había entrado en América en una de las 214 cajas en las que dividieron la estatua, venciendo las inclemencias del Atlántico, como todos aquellos pobres de la tierra que ahora contemplaban con esperanza su luz encendida.
«Enviadme a aquellos, los desamparados, los sacudidos por la tempestad. ¡Alzo mi lámpara junto a la puerta dorada!», decía la escultura. El genio no cabía en sí de orgullo. 
Además, como la lámpara no tenía propietario (la Libertad era de todos y de nadie), el genio cumplía los deseos de tantos como la frotaran. Tuvo mucho trabajo en los comienzos: concedió hogares, reunió familias y hasta logró el poder de devolver la vida a algunos que la perdieron en los barcos.
Durante todo el siglo XX fue testigo de muchas cosas. La lámpara sufrió daños en la I Guerra Mundial, padeció reformas importantes y se cerró al público. Nueva York crecía, geométrico y deshumanizado, alejándose cada vez más de su luz.
En 1985, tras décadas de estar con los brazos cruzados, el genio vio cómo guardaban su antorcha en un museo y en el lugar de su faro colocaban una masa de oro, totalmente hueca. Fue entonces cuando gritó: «Ça suffit!», ¡hasta aquí hemos llegado!, disolvió como pudo su contrato con Bartholdi y se marchó de allí con la firme intención de no volver.
Se refugió en una taberna de Marsella, donde contaba su historia a cualquiera que se le acercara. Allí todos lo tomaban por loco. Decían que murmuraba sin parar: «L’or n’est pas comme la lumière, l’or n’est pas comme la lumière…». El oro no es lo mismo que la luz.

Deseos de nunca acabar (Lumen Ilustrados, 2017).
Texto de Vanesa Pérez-Sauquillo.
Ilustraciones de Fernando Vicente.




domingo, 1 de abril de 2018

Rectificación Presentación de "Deseos de nunca acabar"

¡Presentamos "Deseos de nunca acabar"!
Será este viernes 6 de abril a las 19.00, en la Biblioteca Elena Fortún (calle Doctor Esquerdo, 189), NO en la Eugenio Trías, como estaba anunciado, porque el Retiro seguirá cerrado.
El ilustrador del álbum, Fernando Vicente, y yo contaremos con la compañía de los escritores Fernando Royuela y Javier Ruescas. 
Hablaremos de tipos de deseos, objetos y seres mágicos que los cumplen, los espíritus que los gobiernan... y leeremos alguno de los relatos y poemas del libro. Por ejemplo, el de la sirena que tuvo un romance con Cervantes, el genio que abandonó la lámpara de la estatua de la Libertad... o lo que ocurría en la disparatada Corte de los Deseos. Ah, y habrá alguna sorpresa. 
¡Estáis todos invitados!